La orientación hacia el cliente, identificando sus necesidades actuales y futuras, genera el establecimiento de metas claras, alineando el esfuerzo de toda la organización hacia un fin común, logrando su satisfacción y asegurando así el futuro de la empresa.
La orientación hacia los procesos, el personal y los proveedores, posibilita la optimización de los recursos, de forma de obtener los márgenes necesarios para el éxito y continuidad del negocio. Los procesos ganan eficiencia.
Más tiempo para lo estratégico y búsqueda de mercados y clientes. Facilita el acceso a la información dentro de la empresa, permitiendo así la toma de decisiones basada en hechos.
Ahorro de recursos materiales y humanos. Identificación y disminución de productos defectuosos, fallas en el servicio y retrabajos.
Proporciona a la empresa un elemento diferenciador en el mercado. Se convierte en un valor agregado con lo que se obtiene una ventaja competitiva.
Requisito indispensable para poder captar negocios en el exterior y poder competir en un mercado globalizado.
Es cada vez mas requerido a nivel nacional. Facilita ser proveedor del estado.
Es una metodología comprobada a nivel mundial como factor decisivo del éxito, en todo tipo y tamaño de empresa.
En resumen la implantación de esta “cultura” le confiere a la empresa un desarrollo sustentable en el tiempo, respetando los valores humanos, la sociedad y el ambiente.